Recomendaciones para un otoño saludable según la Medicina Tradicional China

Todos los seres vivos están en constante interrelación con el medio ambiente, y el ser humano no es una excepción a ésta regla de la naturaleza. Ésta interrelación es de afectación mutua: por un lado nosotros podemos modelar y adecuar el medio ambiente a nuestras necesidades, y por otro lado necesitamos adaptarnos  a las condiciones siempre cambiantes del medio dónde vivimos. Un ejemplo de ésta adaptación a los cambios ocurre con los cambios de estación, momento en que se hace necesario adecuar nuestros hábitos de vida (alimentación, ejercicios, equilibrio entre trabajo-descanso-ocio, etc) al nuevo clima, para que nuestro sistema inmune responda correctamente y podamos mantener la salud de forma natural, evitando resfriados, gripes, alergias, y otras enfermedades.

En este sentido, los conocimientos de la MTC son imprescindibles ya que aportan una vía natural de adaptación al clima, sin fármacos ni efectos secundarios nocivos, sirviendo así a mantener un estado de salud, bienestar y vitalidad todo el año.

En cuanto al otoño, es interesante observar la naturaleza para comprender su energía. En ésta época del año la luz solar comienza a menguar progresivamente hasta el invierno, con la consecuente disminución progresiva de la temperatura y la actividad metabólica de muchas especies. Todavía se recogen frutas, frutos y verduras; y los árboles comienzan a despojarse de sus hojas, ya que la energía que sostenía su verdor se recoge por completo en las raíces. Así como sucede en la naturaleza, la energía de nuestro organismo también comienza a recogerse, de modo que debemos proporcionarle al cuerpo una alimentación adecuada y ejercicios físicos que conlleven un trabajo respiratorio específico para que pueda mantener el sistema inmunológico fuerte, la vitalidad, la relajación y un buen estado anímico.

Lo primero que debemos tener en cuenta antes de pensar en tonificar el organismo y aumentar la energía defensiva es desintoxicar el cuerpo. Todas las recomendaciones que se darán a continuación van encaminadas a esta doble función: depurar y tonificar el organismo.

El primer factor que debemos tener en consideración, es repoblar la flora bacteriana del intestino grueso, ya que ésta flora cumple funciones fundamentales, como por ejemplo: la eliminación de deshechos y asimilación de nutrientes, la síntesis de nutrientes esenciales y neurotransmisores y contribuir a mantener el sistema inmunológico en equilibrio. Para este fin se recomienda tomar, de manera habitual, algún cultivo probiótico y  consumir alimentos fermentados como el miso, tamari, ciruelas umeboshi, yogur, kéfir, bebida de kombucha, chucrut u otras verduras fermentadas, y con moderación sidras y cervezas artesanales sin pasteurizar.

A medida que la temperatura vaya descendiendo, iremos reduciendo el consumo de bebidas frías, alimentos congelados, ciertos vegetales crudos (lechuga, pepino, tomate), ciertas frutas (melón, sandía, tropicales…), y los siguientes alimentos: lácteos, cangrejos, conejo, pato, cebada, mijo, trigo, acelga, alcachofa, apio, berenjena, espárrago, plátano, menta y hierba buena.

Como de costumbre, se aconseja evitar los alimentos refinados e industriales; conservantes, acidulantes, potenciadores de sabor, edulcorantes y colorantes artificiales; los excesos de azúcar, café y alcohol; evitar el tabaco y sobre todo, auto medicarse con drogas de venta legal expedidas en farmacias (antibióticos, antiácidos, antidepresivos, ansiolíticos, analgésicos, etc.).

Para los alimentos que vamos a tomar en ésta época se recomienda que éstos sean cocidos (sopas y cremas), estofados, asados, al vapor, a la plancha o salteados. Los alimentos que son aptos para ser consumidos crudos serán especificados.

 Lista de alimentos adecuados para el otoño:

Cereales: avena; arroz integral, rojo y negro; centeno; maíz; trigo sarraceno y quinoa.

Proteína animal: pescado; anguila; mejillón; pulpo; cerdo; vaca; cordero; huevo y pollo.

Proteína vegetal: azukis; lentejas; garbanzos; alubias negras, blancas y rojas; tofu y seitán (no celíacos) y setas de estación.

Verduras: algas; ajo (crudo y cocinado); calabaza; cebolla y puerro (crudos y cocinados); coles, en todas sus variantes (cruda y cocinada); guisantes; patata; boniato; jengibre (fresco y cocido); nabo (crudo y cocinado); rabanito (crudo y cocinado); zanahoria (cruda y cocinada); coliflor; brócoli; calabacín; olivas negras; rúcula (cruda) y espinacas (crudas y cocinadas).

Semillas y frutos secos: sésamo blanco y negro; almendra; cacahuete; castaña (asada y cocida); nuez; pistacho y avellanas.

Frutas: higo; albaricoque; ciruela; manzana; mandarina; melocotón; pera; naranja y uva.

Hierbas (infusión o condimento): perejil; cúrcuma; pimienta negra; canela; orégano; romero; nuez moscada; clavo; regaliz; tila; melisa y hierba luisa.

Todos los alimentos que no están incluidos en la lista, si no están contraindicados se pueden tomar con normalidad, aunque lo más importante es hacer que los alimentos citados en la lista sean la base de nuestra dieta otoñal.

Como ejercicio se recomienda caminatas, bicicleta y deportes al aire libre por un lado; y por otro, será imprescindible la práctica de una disciplina que trabaje además del ejercicio físico el desarrollo del potencial respiratorio, como por ejemplo el Yoga y el Chi Kung, para purificar los pulmones y reforzar la salud y el equilibrio entre la vitalidad del cuerpo y la relajación de la mente.

Otra recomendación a tener en cuenta, es la acupuntura. En una persona saludable se aconseja una sesión al mes, o al menos una cada cambio de estación, con la finalidad de equilibrar y prevenir. En personas que están aquejadas de alguna dolencia, enfermedad o debilidad, el consejo es acudir a un tratamiento de MTC, en el cuál debe realizarse un diagnóstico certero para lograr una eficacia terapéutica.

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